Visita del Papa León a Francia / LOURDES

Eutanasia


A veces constato con preocupación ciertas derivas de las sociedades actuales que corren el riesgo de convertir la ciencia y la tecnología en empresas lucrativas que favorezcan las manipulaciones genéticas, la gestación subrogada, la compra de órganos o la oferta de una muerte programada. (Con las autoridades, en el Palacio del Elíseo.)

“Invito a toda la comunidad de los agentes sanitarios a recordar el significado profundo de su vocación: hacerse cargo de una persona que sufre, y no eliminarla” (Discurso a enfermos y cuidadores, en Lourdes)

Sé que, para algunos de ustedes [enfermos], que sufren a causa de patologías particulares y de dolores a veces terribles, el horizonte puede parecer oscuro, incierto, sin salida. Pero ninguna ley humana debe hacernos perder la certeza de su dignidad. Por el contrario, precisamente en nombre de esta dignidad inalienable de la persona humana debe rechazarse firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión. Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral.

(…) Invito a toda la comunidad de los agentes sanitarios a recordar el significado profundo de su vocación: hacerse cargo de una persona que sufre, y no eliminarla. Sí, queridos amigos, ¡sean servidores apasionados de la vida! ¡Ninguno tiene el derecho, nunca, «basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada! ¡La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada!» (Discurso a los miembros de la Fundación Jérôme Lejeune, 22 junio 2026). (Con los enfermos y cuidadores, en Lourdes.)

Educación

Ninguna educación está completa si no aborda la cuestión del sentido. En ese mismo discurso [Discurso de san Juan Pablo II a la UNESCO, 2-06-1980, apartados 10-11], san Juan Pablo II lo recordaba: educar es ayudar al hombre a “ser” más y no sólo a “tener” más, reconociendo en él también esa trascendencia de la persona que pertenece a la plenitud de su humanidad. (En la sede de la UNESCO, París.)

La enseñanza católica, cuyo “carácter propio” se ve cuestionado en estos tiempos. Es motivo de alegría que los centros de enseñanza católica estén ampliamente abiertos a quienes no comparten nuestra fe.

Esa acogida generosa y respetuosa de la libertad de conciencia de cada uno promete una gran fecundidad para todos, para la sociedad y para la propia Iglesia. Sin embargo, la enseñanza católica no puede, en modo alguno, renunciar a su proyecto educativo, un proyecto centrado en Cristo que tiene como objetivo el desarrollo integral de la persona humana en todas sus dimensiones: espiritual, cultural, intelectual, moral y social. Por lo tanto, a nadie debe sorprenderle que en cualquier centro católico se ofrezcan oportunidades para encontrarse con Jesucristo y escuchar su Palabra. Y mucho menos, ningún alumno debería verse marginado en su clase, por el hecho de creer en Jesús. (A la Conferencia Episcopal, en Lourdes.)