El papa León XIV estuvo en Barcelona el 9 y 10 de junio de 2026, dentro de su viaje a España, que incluía también Madrid y Canarias.

El primer día de su estadía celebró una vigilia de oración en el Estadi Olímpic ante unos 40.000 fieles. Durante el encuentro El Papa mantuvo un diálogo con tres jóvenes que compartieron experiencias de sufrimiento, vacío existencial y misericordia de Dios. También invitó a los presentes a acoger siempre la cruz de Cristo. Continuaba el Papa: En realidad, no se trata sólo de un sufrimiento personal; el Hijo de Dios está asumiendo en su propia carne toda la angustia, la soledad y el sufrimiento de la humanidad.
En esas horas oscuras, muriendo en la cruz, Jesús comparte nuestro dolor y nos revela el rostro de un Dios compasivo, que carga con nuestras penas, que sufre con nosotros, llora nuestras lágrimas y permanece a nuestro lado con su presencia llena de amor y misericordia.
El segundo día empezó visitando a los reclusos de una prisión de Barcelona. Su agenda en Cataluña incluyó además la Catedral, la Abadía de Montserrat (que celebra su milenario) y reuniones con organizaciones sociales del barrio del Raval.
A los presos allí el Papa León les dirigió un mensaje profundamente humano y cristiano, centrado en la dignidad de cada persona, la misericordia de Dios y la posibilidad de comenzar de nuevo.
El momento central fue la misa en la Sagrada Família, en el centenario de la muerte de Gaudí. Los reyes Felipe VI y Letizia lo recibieron ante la basílica, y una niña ciega le mostró una maqueta de la torre.
En la cripta encendió una vela y rezó ante la tumba de Gaudí. La misa reunió a unos 8.000 fieles y duró aproximadamente hora y media.

Al final bendijo e inauguró la torre de Jesucristo, que convierte a la Sagrada Família en la iglesia más alta del mundo. La torre lleva el templo a 172,5 metros.
Alternó castellano y catalán en la homilía y mencionó a Gaudí en dos ocasiones.
De este modo, vinculó la belleza del templo con una exigencia concreta: no basta con construir edificios hermosos; también estamos llamados a ayudar a las personas a recuperar su dignidad y su esperanza.
La auténtica belleza cristiana no nos encierra en la admiración estética. Nos conduce hacia Cristo y hacia los demás.
También afirmó en clara alusión a la situación mundial que no se puede creer en Jesús y promover la guerra, matar inocentes o abandonar a quien huye de la miseria.
