CARDENAL ARZOBISPO DE CORDOBA

Queridos peregrinos:
Con inmensa alegría quiero darle la bienvenida a nuestra tierra. A quienes llegan desde otros países, ¡bienvenidos a la Argentina! Y a todos, a quienes vienen desde cada rincón de nuestra patria y a quienes han cruzado fronteras para compartir con nosotros estos días, ¡bienvenidos a Córdoba!
En nombre de toda nuestra Iglesia arquidiocesana, de sus comunidades, sacerdotes, consagrados y laicos, quiero decirles con sencillez y de corazón: esta es su casa.
Córdoba, esta querida ciudad del interior de la Argentina, quiere abrir sus puertas y ensanchar su corazón para recibir a todo el país. Por estos días queremos ser casa de todos: de quienes llegan desde el NOA y el NEA, desde el Litoral, Cuyo y la Patagonia, desde la región central y desde cada rincón de nuestra patria; y también de tantos hermanos que peregrinan desde otros países. Queremos que aquí podamos encontrarnos, celebrar juntos y reconocernos parte de una misma familia.
Nos reúne un acontecimiento que nos llena de gratitud y esperanza: la visita del Santo Padre León XIV, Sucesor de Pedro, que viene a encontrarse con nosotros, a alentarnos en el camino y a confirmarnos en la fe.
Su presencia entre nosotros es una gracia que queremos recibir con el corazón abierto. No todos los días una Iglesia particular tiene el don de recibir al Papa. Por eso, estos días quedarán seguramente grabados en nuestra memoria personal y comunitaria; pero, sobre todo, deseamos que dejen una huella profunda en nuestra vida de fe.
Hace 39 años, Córdoba vivió una alegría semejante cuando recibió a San Juan Pablo II. Muchos conservan todavía en el corazón aquellas imágenes, sus palabras, los encuentros y la emoción de aquellos días. Hoy, después de tantos años, nuestra ciudad vuelve a abrir sus puertas para recibir al Sucesor de Pedro. Aquella memoria agradecida se encuentra ahora con una nueva gracia: recibir al Papa León XIV entre nosotros.
Y junto con él, los recibimos a ustedes.
Peregrinos de nuestra Argentina y de otros países; familias, jóvenes, niños, adultos mayores, comunidades, movimientos e instituciones: Córdoba abre sus brazos para recibirlos.
Deseamos que se sientan verdaderamente en casa. Que puedan vivir estos días con alegría, serenidad y espíritu fraterno; que el cansancio propio del camino se transforme en ofrenda; que cada encuentro sea ocasión de comunión; y que, aun viniendo de lugares diferentes, podamos reconocernos hermanos, miembros de una misma Iglesia que peregrina, espera y celebra.
Los invito especialmente a vivir esta visita no solamente como un acontecimiento extraordinario que tendremos la posibilidad de contemplar, sino como una verdadera experiencia de fe. Pedro viene hasta nosotros. Viene para encontrarnos, hablarnos de Jesús y para ayudarnos a renovar la Esperanza.
Preparemos entonces el corazón. Escuchemos sus palabras. Dejémonos interpelar por su mensaje. Y pidamos al Señor que esta visita nos ayude a volver a nuestros hogares y comunidades con una fe más viva, una Esperanza más firme y un deseo más grande de servir a nuestros hermanos.
Que Nuestra Señora del Rosario del Milagro, Patrona de la Arquidiócesis de Córdoba, acompañe a cada peregrino en su camino y nos enseñe a recibir esta gracia con su misma disponibilidad y alegría.
Queridos peregrinos: gracias por venir, gracias por ponerse en camino, gracias por peregrinar para vivir juntos este momento de gracia.
Desde el corazón de nuestra patria y desde esta Córdoba que quiere abrazar a toda la Argentina, les decimos:
¡Bienvenidos a la Argentina! ¡Bienvenidos a Córdoba! ¡Bienvenidos a casa!
Con mi afecto y bendición,
+ Ángel S. Rossi
