
En la Audiencia General celebrada este miércoles 20 de mayo, el Papa ha inaugurado un nuevo ciclo de catequesis dedicado al primer documento promulgado por el Concilio Vaticano II: la Constitución sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum Concilium. El Pontífice ha subrayado que la intención de los Padres conciliares no fue simplemente reformar los ritos, sino invitar a la Iglesia a contemplar el vínculo vivo que la une con el misterio de Cristo.
La liturgia como «fuente y cumbre»
Durante su alocución, León XIV ha definido la liturgia como el espacio y tiempo donde la Iglesia recibe su propia vida de Cristo. Citando el documento conciliar, la ha calificado como «la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y la fuente de donde mana toda su fuerza». El Papa ha explicado que, aunque la acción eclesial abarca otras realidades como el servicio a los pobres o la predicación, todas ellas convergen en esta celebración sacramental.

El Sucesor de Pedro ha destacado que Cristo mismo es el «principio interior» del misterio de la Iglesia y sigue actuando a través del Espíritu Santo. Según ha recordado, su presencia se manifiesta de diversas formas: en la Palabra proclamada, en los sacramentos, en los ministros y en la comunidad reunida, pero de un modo eminente en la Eucaristía. «Al celebrar la Eucaristía, la Iglesia recibe el Cuerpo del Señor y se convierte en lo que recibe», ha señalado evocando a San Agustín.
Una fe que se hace vida
Otro de los puntos centrales de la catequesis ha sido la relación entre la oración y la identidad cristiana, bajo el principio lex orandi, lex credendi (la Iglesia cree como ora). El Papa ha insistido en que la participación de los fieles debe ser tanto «interior» como «exterior», y no puede quedarse encerrada en el templo.
«La liturgia celebrada debe traducirse en vida y exige una existencia fiel», ha afirmado el Santo Padre, instando a los fieles a que su día a día se convierta en un «sacrificio vivo, santo y agradable a Dios».
Finalmente, el Santo Padre ha recordado, citando la carta apostólica de Francisco que «el mundo todavía no lo sabe, pero todos están invitados al banquete de bodas del Cordero». Con estas palabras, ha invitado a los fieles a dejarse moldear interiormente por los símbolos, gestos y ritos de la Iglesia, cuya profundidad seguirá explorando en las próximas semanas.
El Papa comparte hoy la Audiencia con el patriarca Aram I, líder de la Iglesia Armenia: “Esta visita representa una importante ocasión para fortalecer los lazos de unidad que ya existen entre nosotros, mientras nos acercamos a la plena comunión entre las Iglesias”.
