En la audiencia general celebrada este miércoles en la Plaza de San Pedro, el papa León XIV dedicó su catequesis al cuarto capítulo de la constitución dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, centrándose en la naturaleza y misión de los laicos dentro del Pueblo de Dios.

El Santo Padre recordó que los laicos constituyen “la inmensa mayoría del Pueblo de Dios”, citando al papa Francisco en Evangelii gaudium, mientras que los ministros ordenados están a su servicio. “Por tanto, el Pueblo de Dios, por Él elegido, es uno: ‘un Señor, una fe, un bautismo’ (Ef 4,5). Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad”, afirmó, citando directamente el número 32 de Lumen Gentium.
León XIV explicó que el Concilio Vaticano II buscó definir positivamente la vocación de los laicos, después de siglos en los que se les identificaba principalmente por lo que no eran (ni clérigos ni consagrados). “Con el nombre de ‘laicos’ el Concilio designa a todos los fieles cristianos que, en cuanto incorporados al Pueblo de Dios por el bautismo, son partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejerciendo en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde”, señaló, retomando el punto 31 del documento conciliar.
El Pontífice insistió en que, antes de cualquier distinción de ministerio o estado de vida, el Concilio afirma la igualdad de todos los bautizados. La condición del pueblo mesiánico es “la dignidad y la libertad de los hijos de Dios”. Cuanto mayor es el don recibido, mayor es también el compromiso que se deriva de él.
Un Pueblo orgánicamente estructurado
León XIV subrayó que el Pueblo santo de Dios “nunca es una masa informe, sino el cuerpo de Cristo o, como decía Agustín, el Christus totus”: una comunidad orgánicamente estructurada gracias a la relación fecunda entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial. Por el Bautismo, los laicos participan del mismo sacerdocio de Cristo, quien “quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Espíritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta” (LG 34).
En este sentido, recordó la exhortación apostólica Christifideles laici de san Juan Pablo II, que destaca las páginas del Concilio dedicadas a la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos, convocándolos a trabajar activamente en la viña del Señor.
El apostolado laical se extiende al mundo entero

Uno de los puntos centrales de la catequesis fue que el apostolado de los laicos “no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se amplía al mundo”. “La Iglesia está presente donde sus hijos testimonian el Evangelio: en los ambientes de trabajo, en la sociedad civil y en todas las relaciones humanas, allá donde ellos, con sus elecciones, muestran la belleza de la vida cristiana, que anticipa aquí y ahora la justicia y la paz que serán plenas en el Reino de Dios”, explicó el Papa.
Citó nuevamente Lumen Gentium para afirmar que el mundo necesita “impregnarse del espíritu de Cristo y alcanzar su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz”. Y esto solo es posible gracias a la contribución, el servicio y el testimonio de los laicos.
El papa León XIV invitó a vivir una Iglesia “en salida”, expresión querida por el papa Francisco: “una Iglesia encarnada en la historia, siempre abierta a la misión, en la que todos estamos llamados a ser discípulos-misioneros, apóstoles del Evangelio, testigos del Reino de Dios, portadores de la alegría del Cristo que hemos encontrado”.
Al concluir, el Pontífice expresó el deseo de que la Pascua que se acerca renueve en todos “la gracia de ser, como María Magdalena, como Pedro y Juan, testigos del Resucitado”. También dirigió saludos especiales, entre ellos una oración por las víctimas inocentes de las guerras.
La audiencia general de este Miércoles Santo reunió a miles de fieles en la Plaza de San Pedro y forma parte del ciclo de catequesis que León XIV viene dedicando a los documentos del Concilio Vaticano II, iniciado a principios de año.
